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Hola, hoy les quiero compartir esta reseña de mi libro “Ama y no sufras” realizada por nadir Chacín @Ser_Siendo.


¿Cómo amar sin tener que sufrir los estragos del mal de amores? Es el tema de “Ama y no sufras”. Apesar de ser un libro publicado por primera vez hace años se ha reimpreso varias veces y encierra una sabiduría que te ayudará, los estragos del amor de los que habla Riso no han “envejecido” al contrario siguen increíblemente vigentes. Apenas lo terminé y me dejó un buen sabor de boca.

Es un libro sencillo y a la vez profundo, habla de los tres pilares del amor “sano” (si es que le podemos decir así) que según Riso atiende a estas tres formas del amor: Eros, Philia y Ágape. Para este autor las relaciones tienen y gozan de equilibrio cuando existen los tres (pueden ser también facetas temporales de un mismo amor): el enamoramiento pasional (Eros), el amor amistoso y empático (Philia) y el amor tierno (Ágape), sublime-sagrado, el que da sin esperar recibir.

Su propuesta es muy interesante e ilustrativa. Al final de cada capítulo tiene una serie de consejos prácticos para que cada tipo amor “no se nos salga del cauce”, ya que cuando se “desborda” el sufrimiento aparece en la vida de los amantes, de los esposos y de los novios.
Lo que más me gusta de “Ama y no sufras” es su lenguaje sencillo y didáctico, se nota que el autor ha sido psicólogo clínico y terapeuta de parejas por 25 años. Da muchos ejemplos de casos de parejas que él ha atendido.

Es fácil entender cómo uno mismo se ha extraviado en el amor, ha dejado que uno de los pilares del amor se alimente desmedidamente en detrimento de otros o notar cuándo hemos construido ideales que están haciendo que nuestra relación se vaya al fozo.
En definitiva el mensaje que me dejó: “el equilibrio es la justa medida en el amor”, el conocerse, el conversar sobre cómo queremos nuestra relación de pareja y sobre todo permitirnos “ver por” la otra persona, “sentir por”, “hacer por”, “sufrir (positivamente) por”.

El meollo del amor es la inclusión de un otro a quién dar amor, un espejo donde mirarte y que sea de carne y hueso. El dolor suele hacernos sentir identificados con los demás mucho más fácil que el amor y el placer, por ello las relaciones destructivas suelen ser más comunes que las sanas.

He visto que muchas personas visitan mi blog en busca de información sobre la violencia en las parejas y por ello decidí transcribir aquí un pedacito de este libro (del capítulo del amor agápico) que me gustó mucho y está relacionado. ¡Ojo! Estas condiciones o requisitos de un amor sano tienen que ser recíprocos, esa es la clave, que sea un acuerdo bilateral y que ambas partes de la pareja respeten el trato amoroso. Si tu relación no cumple alguno de estos tres requisitos (que vienen abajo luego de la palabra NO) vives en una situación de violencia.

La violencia no es sólo ser golpeado o golpear, también es la indiferencia ante la necesidades de tu pareja, los insultos, la subestimación del otro, la negación voluntaria a tener sexo (que hacen muchas personas para manipular) o el abuso sexual, la manipulación (ejemplo: ¡si me dejas me mato!), tratar de comprar el amor con bienes materiales, los celos, todo eso es violencia.

Querer tratar al otro o la otra como tú quieras que te traten no es lo adecuado… tal vez lo que tú necesitas no es lo mismo que tu pareja necesita, averigua amorosamente quién es y qué necesita… no lo supongas… “suponer” es otra forma de violencia. Respétate no dejes que nadie te diga lo que necesitas, decide tú. Elige el amor y el respeto, ante todo.

En los matrimonios y noviazgos también se dan las violaciones sexuales, NADIE tiene que obligarte a hacer nada con lo que no te sientas a gusto, aunque estés casada o sea tu novio… ESO que él te hace con el uso de su fuerza y sin tu consentimiento se llama: violación. No hay otra definición. Por favor, busca ayuda.

Para no sufrir ni hacer sufrir (pág. 233)

1) Niégate a todo tipo de agresión. No conviertas tu relación en un campo de batalla. Puedes crear inmunidad a la violencia en cualquiera de sus formas. Sólo necesitas usar tres NO, negarte a tres cosas pase lo que pase. Puedes escribirlo y firmar con tu pareja el compromiso. Me comprometo a:

  • NO subestimar el dolor de mi pareja (ten compasión, métete en sus zapatos, camina con sus zapatos).
  • NO agredir a mi pareja de ninguna manera, ni aprovecharme de sus debilidades (tener dulzura, delicadeza, etc.).
  • NO fomentar la indiferencia afectiva, la frialdad, la falta de contacto físico o la ausencia de caricias (expresión de afecto positivo).

2) El descuido es desamor, no importa la excusa que des. Nada disculpa el abandono afectivo de la persona que amas.Y si crees que eso te convertirá en dependiente, despreocúpate, hay una forma de cuidado que no es co-dependencia, que va más allá del apego: es el gusto de dar, de hacer el bien a quien amamos. No hablo de sobreprotección, sino de atención amorosa, de vigilancia afectiva y efectiva, para buscar el bienestar del otro. Tampoco digo que tengas que desvelarte como lo hacen los padres aprenhensivos. Más bien se trata de estar dispuesto y disponible para cuando te necesite la persona que amas. Tu pareja no es tu hijo ni tu hija, es verdad, pero al amor agápico (el que da sin esperar recibir) no discrimina tan fino, cuando hay que dar se da.

3) Si sientes que los problemas de la vida diaria te alejan de tu pareja, tu relación está en peligro. En las malas épocas, las buenas relaciones se fortalecen y las disfuncionales (adictivas, peligrosas, dependientes, insanas, violentas, etc.) se acaban. El dolor compartido puede unirte, más que separarte. Si tienen problemas económicos, luchen juntos. Si los echan del lugar donde viven, busquen otro lugar, duerman en la calle, pero juntos. El sufrimiento es menor si se divide en dos. Y si hay una enfermedad en la familia, que sea motivo de unión, de trabajo en equipo. Cada vez que las dificultades afecten a tu pareja, recuérdale que no está solo o sola, que no eres un desertor o desertora y que puede contar contigo. Un amor completo no se agota en el placer del sexo, ni en la alegría de que el otro exista, necesita estar listo para el sufrimiento compartido. El amor agápico se reafirma en el dolor que la vida obliga.

Nadir Chacín

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